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Mientas las monarquías europeas se sitúan en el punto de mira de los medios de comunicación

Aumentan las voces críticas que se levantan en favor de doña Elena, que cada día cuenta con más apoyos en el seno de la nobleza

Noviembre 4, 2012

 

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Mientras que las monarquías asiáticas -y en especial la tailandesa-, continúan manteniendo intacto su halo de inviolabilidad (en días pasados una mujer China fue deportada por publicar fotografías del recientemente fallecido rey Norodom Sihanouk de Camboya), en Europa las casas reinantes se ven escrutadas y analizadas al mínimo detalle. El mundo editorial ha encontrado todo un filón en ese ámbito, seguido muy de cerca por la prensa que investiga con celo el quehacer presente y pasado de reyes y príncipes sin existir ya diferencia alguna entre lo que antes eran el dominio público y el dominio privado.
Pero nada es en realidad tan nuevo, pues el libro “Urdangarin, un conseguidor en la corte del rey Juan Carlos” nos hace pensar en aquella sonada y pública estafa que la princesa Catalina Radziwill le hizo a Cecil Rhodes, el hombre fuerte de Rhodesia, y en los vergonzantes negocios que enriquecieron sin pudor al duque de Riansares, padrastro de nuestra Isabel II, durante el siglo XIX español. Sin embargo, no es nada extraño que, como nos confirma alguien que le conoce bien, don Juan Carlos se sienta particularmente irritable y fuertemente compungido y malhumorado en estos tiempos.


Llueve sobre mojado

Por otra parte, y como consecuencia de la delicada situación de la infanta doña Cristina, asistimos a un relegamiento de doña Elena hacia posiciones más periféricas que dejan muy desasistida a la familia real española, que parece tener vocación reiterada de familia nuclear. Algo muy propio de nuestra monarquía que ya en 1975 se desprendió de las hermanas de don Juan Carlos, cuyo estatus en el seno de la familia real y cuyas funciones nunca fueron definidas. Por no mencionar al infante don Carlos, prácticamente inexistente para la opinión pública.

Pero son muchas las voces críticas que se levantan en favor de doña Elena, que cada día cuenta con más apoyos en el seno de la nobleza con la que siempre ha mantenido relaciones mucho mejores que el resto de la familia real. Tanto es así que ahora que se habla de su posible vinculación amorosa con el jinete Alfredo Fernández-Durán y Moreno, éste no deja de ser un hijo del marqués de Tolosa y un miembro del establishment nobiliario. En los cenáculos de Madrid se escuchan muchas loas a doña Elena, de quien se alaban el saber estar, la elegancia, la españolidad, y su compromiso tanto con sus tareas representativas como con el trabajo solidario que, desde la Fundación Mapfre, lleva a cabo en toda América Latina y del cual el palacio de la Zarzuela no sabe sacar los lógicos réditos. Y algo similar sucede con su ex esposo, Jaime de Marichalar, que siempre bien arropado por la nobleza, que alaba su discreción y sus “manos limpias”, no ha dudado en compartir recientemente entre un grupo de amigos la mala opinión que le merece su ex cuñado Iñaki Urdangarin.  


Polémicas relaciones reales sentimentales

Mientras tanto en Bélgica las revelaciones de Frédéric Deborsu continúan poniendo patas arriba a la familia real, pues al príncipe heredero Felipe se le acusa de una relación amorosa con el conde Thomas de Marchant d’Ansembourg sin que nadie haya reparado en que este último es un psicoterapeuta de prestigio y de propuestas rompedoras, con quien es posible que el infeliz heredero belga mantuviese una relación basada en otros vínculos y en otros intereses menos prosaicos. En Suecia un nuevo libro ya anuncia una revisión de lo hasta ahora escrito sobre la vida del rey Carlos Gustavo, acusando a publicaciones anteriores de “manipulación de pruebas, mentiras y métodos dudosos” como ciertas afirmaciones de testigos o fotografías retocadas.

En Inglaterra el reciente contrato millonario del vicealmirante Timothy Laurence, esposo de la princesa Ana, como director no ejecutivo de la poderosa empresa Capita Symonds, ya está generando una fuerte inquietud en el palacio de Buckingham, donde se teme que ello se convierta en un nuevo tema de controversia. Y en Noruega la escritora Ingar Sletten Kolloen acaba de publicar una biografía de la reina Sonia que muchos califican de auténtico auto retrato de la consorte del rey Harald, en el que no hay más voces que la suya propia si bien en él se alude tanto a ciertas diferencias entre el matrimonio real en el pasado como al hasta ahora tabuizado asunto del suicidio de su hermana mayor.


Ricardo Mateos