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El cubano podría haber iniciado una nueva relación sentimental

Asdrúbal consuela sus penas en brazos de otra mujer

Noviembre 15, 2009

Está pasando momentos difíciles desde que fue acusado de agresión sexual. Sin embargo, puede que el amor vuelva a lograr lo imposible: sacarle del atolladero.

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Recrimina en voz baja que Bibiana Fernández, la mujer que le catapultó a la fama, no ha estado a su lado en los momentos más duros de su vida. Asdrúbal, el cubano que la volvió loca, compareció por primera vez en televisión después de que fuera acusado, y posteriormente retenido, por un presunto abuso sexual a una maniquí de aspecto todavía desconocido. María, la joven que acostumbraba a aparcar su cuerpo en el del modelo, aseguró ante los policías que fue víctima de un intento de violación: “No hubo penetración, pero él me metió los dedos en la vagina, los llevo a mi boca, me escupió y me eructó”, dijo entonces. Sus palabras llamaron poderosamente la atención a los encargados de tomarle declaración. No porque su testimonio careciera de fuerza o de interés, sino porque, tras ser reconocida por el perito forense, no se apreció ningún tipo de secuela que hiciera sospechar que había sufrido agresión alguna. Sin embargo, todavía está pendiente el juicio que decidirá cuánto hay de cierto en una terrible acusación que podría acabar con Asdrúbal entre rejas. Hasta que eso ocurra, el mozalbete intenta que las penas no se conviertan en una dura cuesta por la que trepar. Ahoga sus tristezas en alcohol, en fiestas y en sus amigos. Esos que de verdad están a su lado ahora que la vida se ha tornado oscura y hasta misteriosa. Sigue abierto al amor. Es lo que le queda después de sus últimas y traumáticas relaciones personales. Con Bibi no todos los días fueron dulces ni sabrosos.  Esa es otra historia que la colaboradora de Ana Rosa debería largar a calzón quitado. Más de un disgusto se llevó cuando visitaba el ‘Tómbola’ de Ximo Rovira y llegaba a su casa madrileña, donde Asdrúbal aparentemente dormía a pierna suelta. Quién sabe.
 
Sustituta en el corazón
 
Hace unos días, Asdrúbal fue visto paseando alegremente por la Gran Vía madrileña. No estaba solo. Una aleonada mujer, de potentes curvas y lacia melena, le acompañaba. Transmitían complicidad. Ella le susurraba al oído, le agarraba de la mano y hasta sus carnosos labios rozaron tímidamente su marchito rostro. El carmín rojo con el que selló los besos sirvió para demostrar sus aparentes sentimientos -quizás apretones- con los que la mozarrona quiso sorprenderle. Cosas del querer. Sus amigos saben que el amor –eso a lo que algunos llaman sexo- es lo que puede  lograr sacarlo del bucle de autodestrucción en el que se encuentra. Es probable que ella no sea más que otra en una larga lista de lúbricos intentos, o, tal vez, sea la que le aparte de ese mundo de plástico en el que el treintañero sigue moviéndose. Es la hora del cambio. Sólo el destino lo sabe. Habrá que esperar.
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)