Menú Portada
LA MEMORIA HISTÓRICA (X)
La petición de perdón de la familia del psiquiatra jamás llegó a las familias de los niños robados

Antonio Vallejo Nájera fue el ideólogo de la separación de los hijos de los “rojos”

Septiembre 17, 2008

Hubo niños que llegaron a tener hasta cuatro nombres. María del Carmen Calvo García fue uno de esas pequeñas criaturas
Vallejo Nájera: “Las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya las habíamos expuesto anteriormente. La segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”


Hubo niños que llegaron a tener hasta cuatro nombres. María del Carmen Calvo García fue uno de esas pequeñas criaturas. Al perderse en el sur de Francia y no recordar sus apellidos, la inscribieron en el Consulado Español de Burdeos, como María Expósito. En España, con la Ley de 1941, le cambiaron el nombre por el de María Pérez Gómez. Y, finalmente, los padres adoptivos, la bautizaron como María Lucas García. Aquella Ley permitía poner los apellidos que desearan a los hijos de los rojos. Naturalmente la intención era bien clara dificultar la localización de sus padres biológicos.
Antonio Vallejo Nájera, jefe de los servicios de psiquiatría del Ejercito, una formación ampliada en algunos de los congresos psiquiátricos realizados en la Alemania nazi y los experimentos que realizó con las mujeres de la prisión de Málaga, alimentaba la idea que la única solución para los hijos de los rojos, era separarlos de sus padres: “Las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya las habíamos expuesto anteriormente. La segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”. Son palabras del comandante Antonio Vallejo Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares, entresacadas del libro La locura en la guerra. Psicopatología de la guerra española, publicado en Valladolid, en el año 1939.
Las partidas de nacimiento de los niños robados, se expedían a la llegada de estos al hospicio, y la edad se calculaba a ojo.
Antes de Argentina, hubo en España niños desaparecidos, robados a sus padres mientras éstos estaban en campos de concentración o en las cárceles. Hubo niños que fueron adoptados por varias familias, la mayoría de ellos por adeptos al Régimen, e incluso por viudas de militares, y después, de vueltas al hospicio.
Miles de niños fueron condenados a padecer uno de los capítulos más oscuros de la represión de posguerra. Fueron los niños perdidos del franquismo, separados forzosamente de sus familiares y dados en adopciones ilegales en virtud de una ideología inspirada en los postulados nazis, avalados por Antonio Vallejo Nájera.

La caza del hijo del rojo

La caza del hijo del rojo no se limitó a España, donde las cárceles repletas de madres era un vivero para dinamizar la política de proahijamientos impulsada desde el poder para salvar a los hijos de los marxistas. A partir de 1941 gracias a una Ley (publicada en el BOE de 4 de Diciembre), el Régimen procuró la repatriación del máximo número de niños de republicanos que habían sido evacuados al extranjero. Tiempos difíciles, en ese año se creó el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo (de él hablaremos largo y tendido en otro reportaje), España entera era una cacería.
Como ya ha mostrado en capítulos anteriores Extraconfidencial.com, la búsqueda de los niños fue encomendada por Franco al servicio exterior de Falange. Llamaron al organismo Delegación Extraordinaria de Repatriación de Menores. En ocasiones protagonizó secuestros. Una vez en España, a los pequeños se les cambiaban los apellidos y se les dotaba de una nueva identidad, logrando un efecto perverso: se dificultaba cualquier reunificación familiar futura (Extraconfidencial.com lleva varios capítulos ilustrando las irregularidades de esta Delegación). Los hospicios de Auxilio Social y ciertos colegios religiosos canalizaban la marea de infantes rescatados “de las garras de los demonizados rojos”.

Julio Fernández