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La actriz y presentadora perdió los papeles después de declarar por un presunto delito de malos tratos

Ana Obregón, al borde de un ataque de nervios

Marzo 27, 2008

Ana Obregón se enfrentó a una complicada declaración en los Juzgados de Instrucción de Alcobendas. A su salida, la actriz se enfadó con la prensa cuando fue preguntada por sus incontables pleitos.

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Pasaban diez minutos de las ocho y media de la mañana cuando Ana García Obregón se personaba en las inmediaciones de los Juzgados de Instrucción de Alcobendas para prestar declaración por la denuncia que Matilde, una cocinera indocumentada, le interpuso por un presunto delito de malos tratos.
Clamó al cielo que Anita revoloteara alegremente por las instalaciones de los Juzgados esperando a que las cámaras de televisión la inmortalizaran embutida en unos pantalones negros que marcaban al detalle los contornos de su edad. Pareció decepcionada al ver que la prensa había preferido dormir a pierna suelta, antes que darse el madrugón. Miró aceleradamente a todos los lados, se quitó las gafas de sol e incluso meneó su cabellera. Entró al edificio, subió hasta la segunda planta y se encontró con Javichu, el abogado de los sombreritos tiroleses.  
En la denuncia de marras, su ex empleada asegura que la Obregón la menospreciaba y explotaba durante su tiempo de trabajo: “No me permitía que me sentara a descansar unos minutos, me obligaba a comer de pie, consistiendo las comidas en un café o arroz cocido todos los días de la semana, y algo de lechuga junto con las sobras que ella o su hijo habían dejado del día anterior”.
Escalofriantes aseveraciones a las que Ana Obregón tuvo que hacer frente durante dos horas de exhaustiva declaración ante la jueza instructora del caso. Sorprendió que durante su conversación con la magistrada afirmara que está siendo víctima de una trama urdida con el único interés de herir su honorabilidad e imagen pública. De pitorreo.
Y, tras su salida, Anita perdió los nervios cuando me acerqué para interpelarla por sus incontables enfrentamientos con los miembros de su personal doméstico. Incluso me empujó, intentó humillarme con un “no se te entiende nada” que reavivó el día en el que me telefoneó a altas horas de la madrugada para decir que me quería cortar el frenillo en directo.
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Estudiosos en busca de respuestas
 
Sin embargo, su comportamiento sigue sorprendiendo a propios y a extraños. Royo Java, famoso catedrático de Derecho, en relación con la profesión de artista hizo alusión en cierta ocasión a la dureza, inestabilidad y amargura con la que esa profesión marca a aquellas personas que, inevitablemente, se sienten desplazadas y olvidadas con el paso del tiempo. Muchas de estas famosas desarrollan un histerismo jupiterino (o, quizás quisieron decir uterino) que podría acabar destrozando su estabilidad emocional.
En esas está la letrada Teresa Bueyes, que próximamente pedirá judicialmente que Ana Obregón se someta a una pericial psiquiátrica, quizás ante la posibilidad –siempre dentro del contexto judicial- de la posible querulancia de la actriz en cuanto a la interposición de denuncias falsas contra su persona. Iniciar pleitos sin fundamento alguno, vaya. La abogada, conseguidora de importantes triunfos en materia de lo penal, le reclama dos cientos mil euros por el daño moral que le ocasionó verse relacionada directamente con un intento de homicidio. No sólo eso, pues en su calidad de perjudicada y ejerciendo su defensa, solicitará una pena de cárcel para la bióloga de las extensiones doradas.
Y, aunque la denuncia de Teresa Bueyes puede acarrearle más de un problema, todavía colea la que Cayetano Martínez de Irujo le interpuso por acusarle de haber introducido sustancias tóxicas en una maleta de Alessandro Lecquio. Pese a que ella intentó llegar a un acuerdo con el aristócrata, lo cierto es que de nada le sirvió. En las próximas semanas se conocerán más detalles sobre este polémico pleito.
 
Por Saúl Ortiz