Menú Portada
Los padres de la actriz estarían preocupados por su trayectoria

Ana García Obregón recurre al lavado de imagen

Septiembre 24, 2008

Tras la polvareda mediática, Ana Obregón podría haber recurrido a los servicios de un grupo de asesores de imagen para intentar volver a ser la de antes. Quieren recuperar a la Ana familiar, la de siempre.

pq_598_anitadinamita.jpg

Desgreñada, excesivamente atolondrada y con un punto de modestia que no convenció a nadie, Ana Obregón reapareció en la pista de un Mira Quién Baila que este año ha tirado la casa por la ventana. La Obregón, que aseguró que desde los catorce años duerme con un tutú –quién sabe si quiso decir yoyó por aquello de la altivez y el egocentrismo-, intentó ser simpática y recuperar el apoyo de unos telespectadores que ya sólo buscan reír y disfrutar. Parece que la bióloga de las mechas imperfectas ha elaborado una estrategia para lavar su imagen. Y no contará con la ayuda del abogado de las pamelas que parece haberse escabullido, cual conejo, en el sombrero de un mago de circo. Quién sabe si Saavedra se encuentra a la espera de que alguien pronuncie el abracadabra salvador. Que alguien llame a David Copperfild, por favor.
 
Me cuentan que los padres de la Obregón podrían haber recurrido a un gabinete de asesores de imagen para intentar reparar la fama de la celebérrima bailarina. Quieren que Anita vuelva a ser aquella mozarrona de mirada infantil que hacía reír con sus desatinos lingüísticos y sus vestiditos de pitiminí. Insisten en que doña Ombligón ha acatado todas las indicaciones de quienes ahora velan por su aspecto, alejándose de los actos en los que se agolpen los medios de comunicación, declinando participar en tertulias en las que se debata sobre su vida privada, y atendiendo sólo a los periodistas amigos. De momento, clama al cielo que Ana haya recuperado el tono de voz del principio, reduciendo su histrionismo y ese seseo que, en los últimos tiempos, parecía ciertamente caricaturesco. Hace semanas que desapareció del mapa y, ni siquiera sus citas amorosas –que las ha habido- han saltado al papel cuché. Eso sí, los bienpensantes coinciden en que de nada le servirá en una aventura televisiva que sí, la llevará a simpatizar con una parte de la audiencia, pero que le recordará su pasado más reciente. Los escépticos seguirán viéndola como la misteriosa dama que quiso amedrentar a Jaime Cantizano, encerrar a Teresa Bueyes por intento de asesinato e insultar a los reporteros. Para muchos seguirá siendo, a pesar de los pesares, ese acuchillado personaje que se vio obligada a indemnizar a su secretaria a la que vejó repetidamente y que recibe denuncias, a troche y moche, de todos aquellos que un día trabajaron a sus órdenes. ¡Ay!
 
Por Saúl Ortiz