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Villar Mir, uno de los patrocinadores, destina de nuevo 800.000 euros a una iniciativa del PP

Ana Botella se embolsa 11,5 millones en patrocinios mientras destruye el sueño olímpico con la cesión de la pista de atletismo y la piscina olímpica más importantes de Madrid

Mayo 14, 2013

Al tiempo que 40 empresarios firman apoyos millonarios, la ciudad se queda sin su única pista de atletismo homologada y sin su única piscina olímpica cubierta

El estadio de Vallehermoso se convertirá en un gimnasio privado, mientras que las calles de las piscinas de Chamartín están dispuestas a lo ancho, para maximizar beneficios

Con todo, la única pista homologada para celebrar pruebas es ahora el polideportivo de Moratalaz, lejos de los grandes estadios que han acogido otras citas olímpicas

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Madrid 2020 ha conseguido recientemente 40 socios que apoyan una candidatura que, cada vez más, se aleja de su objetivo olímpico. Y es que la gestión deportiva de la ciudad roza la deficiencia: la destrucción de verdaderos titanes olímpicos como el estadio de Vallehermoso o la cesión del polideportivo de Chamartín a la iniciativa privada, son algunos de los descalabros que no se arreglan con el favor de unos cuantos camaradas. Era la siempre discutida alcaldesa, Ana Botella, la que la semana pasada expresaba su agradecimiento y satisfacción por los 11,5 millones de euros que se embolsará la ciudad en concepto de patrocinio. Entre los nombres que figuran en la nómina de mecenas olímpicos, destaca el de Juan Miguel Villar Mir y su empresa, la constructora OHL. En la rueda de prensa de presentación, el marqués afirmaba: “estoy seguro de que vamos a ganar. Todos los empresarios lo sabemos”. Su equipo no mostraba la misma rotundidad cuando su nombre era acusado por una posible vinculación en el caso Bárcenas, ya que en los papeles del ex diputado comparecía con un pago de 180.000 euros al PP, además de los 530.000 entregados en el primer Gobierno de Juan Carlos I. Ahora, OHL entrega al PP otros 800.000 euros, éstos -según la alcaldía- para el padrinazgo de la candidatura olímpica. Un cúmulo de intereses manejados siempre por los mismos nombres. Sucesos que reinterpretan a los clásicos para dejar títulos como el de ‘Ana Botella y los 40 empresarios’.

Y es que Ana Botella, tan clara y diáfana en su defensa del sector público, se empeña en hacerlo todo por la vía de la privatización. En 2008, las máquinas comenzaban a derruir el mítico estadio de Vallehermoso, la única pista de atletismo homologada que se puede encontrar en el centro de la capital. Piedras que caían en el pozo de la indolencia y en el saco de la iniciativa privada. Un estadio que contaba con un pasado lustroso, -acogió auténticos hitos del atletismo como la primera derrota de Edwin Moses en el 87-, pero también con un futuro alentador, pues estaba llamado a convertirse en el icono del Madrid olímpico. Debido a la brillante gestión de Ruiz Gallardón, la explotación del complejo se adjudicaba en 2011 a ‘Ingesport’. La empresa gestionaría el complejo a través de su filial ‘Gofit’ por 40 años, sin recibir canon del Ayuntamiento, pero tampoco le realizará éste ningún pago al consistorio, y lo que intentará es rentabilizar su inversión de 13,4 millones de euros en la puesta en marcha del nuevo Vallehermoso, sin pista de atletismo y abocado a convertirse en un gimnasio privado con spa.  

Empero, la seducción de lo privado continuó llamando a la puerta del Palacio de Comunicaciones. Tras el desplome de las expectativas puestas en Vallehermoso, la nueva regidora madrileña cedía otra joya olímpica de la ciudad a la explotación privada. En este caso era el polideportivo de Chamartín, el único con piscina olímpica cubierta de la ciudad, y cuya gestión recaía en una empresa privada, ‘Carpa’, con el beneplácito del Ayuntamiento de Madrid. Esta empresa -cuya marca comercial es ‘Forus’-, ofreció al consistorio madrileño 300.000 euros anuales durante 15 años, 10 veces más que lo que pedía el ayuntamiento. Sin embargo, en los números hay gato encerrado: el dinero lo recibe el Ayuntamiento y el coste los ciudadanos.

Madrid se queda sin estadios

Tras la reconversión del polideportivo de Chamartín, la empresa ‘Carpa’ y el Ayuntamiento emprendieron una truculenta artimaña: las calles de entrenamiento de la piscina se cambiaron, de lo largo a lo ancho. En lugar de entrenar los 50 metros del largo estándar, los futuros olímpicos madrileños practicarán tan solo 21 metros.

Lo más sangrante del asunto es que esta destrucción de los complejos deportivos madrileños camina de la mano con un alejamiento de las posibilidades reales de ser elegida ciudad olímpica en 2020, cuando quedan solamente 4 meses para la decisión final del Comité. La ciudad se empecina en destruir los estadios más significativos y de mayor importancia, al tiempo que aumentan las dudas de uso y rentabilidad sobre un buen puñado de ellos como el Palacio de Deportes, la Caja Mágica, el Madrid Arena o el Palacio de Vistalegre. Con el nuevo uso del polideportivo de Chamartín, no queda más que otra piscina olímpica en el Polideportivo de la Mina, pero es al aire libre y solo abre tres meses al año, aparte de las privadas. En el caso del atletismo, la demolición de la pista de Vallehermoso hace que el polideportivo de Moratalaz se erija como la única pista homologada para celebrar pruebas. Solo hay que echarle un vistazo para entender que el complejo deportivo se encuentra a años luz de otras pistas centrales que sí se convirtieron en el centro neurálgico de la actividad olímpica como el London Olympic Stadium o el Estadio Nacional de Pekín.


Mientras tanto, políticos, presidentes y empresarios -o lo que es lo mismo, Botella, Blanco y Villar Mir– continúan sirviendo a la opinión pública canapés de ilusiones forjadas en cheques en blanco y millones de la iniciativa privada, asegurando que Madrid 2020 es la candidatura favorita para hacerse con la cita olímpica. Esta pasión desenfrenada por los Juegos, o por los beneficios que generarían, choca frontalmente con las prácticas de los Gobiernos que socavan al deporte: el recorte de las subvenciones del CSD a las federaciones o la subida del IVA a las escuelas deportivas. Actitudes y esperanzas enfrentadas que no parecen el mejor contexto para afrontar los riesgos olímpicos. Sobre todo, porque el multitudinario evento -que hace la boca agua a los cabecillas de las instituciones- también tiene su lado oscuro: los Juegos de Londres contaban con una previsión de gasto de 2.400 millones que se disparó hasta los 9.300, mientras que Atenas se presupuestó en 1.600 millones frente a los 16.000 empleados finalmente.    

Jesús Prieto
jesusprieto@extraconfidencial.com