Menú Portada
La joven, residente en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, recibió 39 puñaladas cuando regresaba a casa de noche

Amistades letales: Iratxe Ibáñez, de 20 años, fue asesinada salvajemente por alguien de su entorno más cercano, pero no se sabe quién

Mayo 4, 2014
pq_929_entierro.jpg

La policía sigue convencida de que el asesino de Iratxe Ibáñez Álvarez conocía a la víctima. El cadáver de la joven fue descubierto por una vecina en la mañana del 8 de mayo de 1999 escondido entre unos setos del Parque Granada, junto al número 3 de la calle Berlín, en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz. El cuerpo estaba cosido a puñaladas y sólo llevaba puesto el sujetador y los calcetines. Los forenses contabilizaron hasta 39 cuchilladas repartidas por todo el cuerpo de esta joven de 20 años, una de ellas en el pecho, que le atravesó el corazón.

La autopsia reveló que, aunque el cuerpo estaba casi completamente desnudo, Iratxe no había sido violada. Tampoco el robo fue el móvil del atroz asesinato, puesto que junto al cadáver aparecieron, además de la ropa, el dinero y los objetos personales de la víctima, y la joven conservaba puestas sus joyas y su reloj. Había sido atacada con saña y furia, presentaba cortes desde las piernas a la cabeza, causados con un fino estilete, de unos 15 centímetros de longitud, y también había sufrido un traumatismo craneal. Este grado de brutalidad evidenciaba, a juicio de los expertos, que agresor y víctima se conocían. El asesinato se había cometido la noche anterior al descubrimiento del cadáver, cuando Iratxe Ibáñez regresaba a su domicilio tras haber estado con unos amigos en un pub de la localidad madrileña.
 
La huella de una bota
La reconstrucción policial y forense de los hechos reveló que la joven, empleada de una empresa de catering, fue atacada por la espalda en algún momento entre las 4:15 y las 5:45 de la madrugada. El asesino agarró a Iratxe por el cuello y le asestó la primera puñalada cuando ésta trató de girarse. La Policía Científica no encontró ninguna huella del criminal ni en el cuerpo ni en las ropas de la joven. El arma homicida nunca apareció. Lo único que descubrieron los agentes fue la huella de una pisada causada por una bota, muy probablemente del agresor.
 
Fueron interrogados los amigos y el novio de Iratxe. Estos contaron que el grupo, que había salido a tomar unas copas, abandonó un primer local para dirigirse a una discoteca. La joven y su novio se quedaron rezagados. Poco después, éste último se unió al resto de amigos, explicó que había reñido con su novia y que Iratxe se había marchado sola a casa. Los amigos le reprocharon entonces que la hubiese dejado sola en la calle a esas horas de la madrugada y cogieron un coche para ir a buscarla. A mitad de camino, el novio decidió apearse del vehículo y continuar el rastreo a pie. A las 5:30 de la madrugada llamó al telefonillo de la casa de Iratxe para ver si había llegado y el padre de la joven, somnoliento y extrañado, le dijo que no.
 
Ni una sola pista
 
A las 8 de la mañana el padre se levantó para ir al trabajo y se alarmó al comprobar que la cama de su hija seguía vacía. Empezaban cuatro horas de angustia hasta que, al filo del mediodía, la Policía comunicó a la familia de Iratxe la trágica noticia. Las Fuerzas de Seguridad han agotado todas las vías lógicas de investigación. La prueba de la pisada no ha conducido a ningún sitio. La noche del crimen nadie vio ni oyó nada la noche del crimen, a pesar de que 63 personas llamaron a la Policía para aportar datos que pensaban serían de interés para el caso, la mayoría de ellas refiriendo una pelea que había tenido lugar en un cajero automático próximo, y que los investigadores desvincularon del asesinato de Iratxe. No existe un sospechoso. Tiempo después del crimen, el juzgado encargado de la investigación archivaba el caso de forma temporal.
 
José Manuel Gabriel