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La polémica colaboradora se casó el pasado sábado en Madrid

Amenazas, empujones e insultos en la boda de Belén Esteban

Junio 30, 2008

Es, para muchos, la boda del año. Belén Esteban contrajo matrimonio con Fran, su eterno amor, bajo la mirada de decenas de reporteros que a punto estuvieron de llegar a las manos.

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Ni siquiera la reciente victoria de España en la Eurocopa logrará lo que han conseguido las bodas de Belén Esteban con Fran Álvarez, y Amelia Bono con Manuel Martos. Las dos Españas unidas por la Iglesia. Y, aunque pueda parecer estrofa de chirigota, lo cierto es que bien podría hablarse del ocaso del catastrofismo democrático. La clase obrera y el elitismo más sofocante compartiendo ilusiones y esperanzas. Sin embargo, pese a que ambos tienen relevancia social, clama al cielo la mediatización del enlace de la Esteban que ha llevado a los espacios del colorín a batir récords de audiencia, quizás por la cercanía que, pese a su buen posicionamiento económico, continúa transmitiendo. Sus vecinos, amigos y compañeros la acompañaron en tan mágico día. Destacaron Ana Rosa Quintana, una Carmen Alcayde incomparable, o Bibiana Fernández.
 
El menú
 
Los invitados a la boda de Belén disfrutaron de un elaboradísimo menú: salmorejo con ibéricos y huevo duro, rape a la americana con langostinos, sorbete de mandarina con cava, tournedó a la antigua usanza, tarta de chocolate blanco con sorberte de frambuesas en tulipas, café con trufas. Todo ello bañado en agua mineral Evian servidas en botellas de cristal diseñadas por el célebre Cristhian Lacroix, Vino blanco Marqués de Risard, Vino tinto Villaverdi de Rioja, cava Roimat Gran Brut y una selección de licores que dejó transpuesto a más de uno. Dicen que lo que más gustó fue el salmorejo, que también se sirvió a la prensa que se desplazó hasta el lugar.
 
Todo por la fotografía
 
Se vivieron momentos de extrema tensión. Los fotógrafos y los reporteros lucharon, casi encarnizadamente, por obtener la imagen más jugosa. Todavía me duele el empujón de un reportero gráfico que buscó hasta la extenuidad retratar a la madre de la Esteban mientras intentaba preguntarle. Pese a que a las puertas del domicilio de la contertuliana algunos creían estar en un campo de batalla, la cobertura periodística realizada en el Palacio de Negralejo se tiñó de negro cuando un reportero de un programa de televisión se vio envuelto en una maraña verbal -y casi física- con varios fotógrafos que le acusaban de haber entorpecido su trabajo. Semejante alferecía, en la que no faltaron reproches personales, obligó a que la contertuliana intentara amainar los enfurecidos ánimos: “No os vayáis a pelear el día de mi boda, por favor”, espetó con una mirada que exigía clemencia cristiana. No es de extrañar, pues Belén estaba ruidosamente pletórica. Se le notaba feliz, radiante y mucho más atractiva que en ocasiones anteriores, quizás porque estaba perfectamente maquillada y peinada por el infatigable equipo de profesionales de Telecinco que se trasladaron hasta su casa para evitar miradas indiscretas.
 
Mirando al pajarito
 
En un alarde de esa espontaneidad que le caracteriza, Belén, que llevaba velo en honor a su padre, patinó en dos ocasiones durante la ceremonia. Confundió “felicidad” con “fidelidad” y decidió saltarse a la torera las indicaciones del sacerdote oficiante. Sin embargo, me cuentan que la interpretación que el coro rociero contratado para la ocasión realizó pocos minutos después del “sí quiero” embargó de emoción a la exuberante contrayente. No menos emotivo resultó el momento en que Xelo Montesinos, la directora de “El Programa de Ana Rosa”, leyó un bonito escrito que gustó y hasta aborronó. Por cierto, pese a que la Esteban había pedido que nadie la inmortalizara con las cámaras de los teléfonos móviles, casi nadie cumplió con sus deseos, por lo que no sería descabellado que se publicaran instantáneas extraoficiales. Una boda que, a buen seguro, se recordará in eternum. Felicidades.
 
Por Saúl Ortiz