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El funcionario está harto de las insinuaciones

Alfonso Díez: “Quiero que Cayetana remate bien su vida”

Abril 18, 2010

Es atractivo y sincero. Pero todos dudan de su amor por la Duquesa de Alba. Le acusan de querer apropiarse del patrimonio de la aristócrata. Nada cierto.

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Es un amor distinto. Sosegado, quizás. Menos pasional pero sincero y real. Algunos pensarán que lo que une a la Duquesa de Alba con el funcionario Alfonso Díez no es más que interés. Los maldicientes podrían apelar a la evidente diferencia de edad para demostrar que Alfonso no siente ni padece por la octogenaria dama. De hecho, le han acusado de fustigar a la Casa de Alba, de querer apropiarse de gran parte del patrimonio de la aristócrata. Algunos de los hijos de doña Cayetana han dado alas a estos incesantes comentarios que, con el paso del tiempo, no han hecho más que reproducirse. Alfonso está –y estará in eternum- en el centro del huracán. Todos hablan, comentan e insinúan, pero nadie se atreve a decir una palabra más alta que la otra. Los cobardes se resisten a morder por temor a denuncias, querellas o, simplemente, a quedar en evidencia. Le han convertido en homosexual por arte de birlibirloque porque, dicen, en el pasado coqueteó con personas de su mismo sexo. No sólo él lucha contra esos comentarios que, de por sí no deberían ser ofensivos, pero que se esgrimen para restarle credibilidad. Algunos pregonan que su hermano, Pedro Díez, chamarilero de profesión, también estuvo muy cerca de Jesús Aguirre. Nadie se atreve a asegurarlo, pero todos lo dejan caer. Es el mundo al revés. Y en esto del corazón todavía más. Habrá que darle tiempo al tiempo, pero Alfonso no descarta acudir a los tribunales para resguardar la buena imagen de su familia. Es lo que le recomiendan amigos, conocidos y los compañeros de la oficina de la Seguridad Social en la que trabaja día tras día. A diferencia de lo que podría imaginarse, Díez sigue teniendo que cumplir a rajatabla con sus obligaciones laborales. Nadie le ha regalado nada. Tampoco lo ha pedido. Y eso, sin duda alguna, dice mucho de él.
 

Hace feliz a la Duquesa

 
Estos días todos los cronistas del corazón debaten acerca de unas supuestas fotografías, muy comprometedoras, en las que Alfonso aparecería en una situación realmente conflictiva. A saber. Nadie ha aclarado cuál es esa situación ni qué papel juega el funcionario en todo eso. Sin embargo, la polémica colea hasta límites insospechados. Pero la serenidad de Alfonso contrasta con todos los comentarios. Es un cincuentón inteligente que ya parece estar de vuelta de todo. Está acostumbrado y, eso, nadie sabe si es positivo o negativo: “No tengo nada que ocultar, ni soy homosexual, ni tengo un pasado oscuro ni he hecho nada que se me pueda criticar, todo eso son historias para hacerme daño”. Alfonso no sabe de dónde proviene esta impertinente campaña de acoso y derribo, pero sí tiene claro lo que se quiere conseguir: “intentan que mi relación con Cayetana se derribe, que sus hijos no me puedan ver y que yo me sienta mal”. Es lo único cierto en todo esto. Pero él sigue empeñado en vivir su propia vida. Sin que nadie le cohíba: “Yo voy a seguir yendo a trabajar, a comprar el periódico, a vivir como hasta ahora”. Muchos son los rumores, como ya he avanzado anteriormente, que insisten en que no está enamorado de la Duquesa: “Lo más importante es que Cayetana está muy feliz. Nadie parece haberse parado a pensar en la importancia de eso. Yo quiero que Cayetana remate bien su vida, que esté contenta. Y si consigo eso, todas las acusaciones me habrán valido la pena”. Es sabio en las distancias cortas e intenta que todo cuanto ocurre en el exterior no le pase factura. Lo está consiguiendo, a pesar del chaparrón: “lo que no entiendo es que sigan haciéndome daño o, al menos, intentándolo descaradamente, cuando lo único que he hecho en esta relación ha sido aportar”. Y tiene toda la razón. Larga vida a la Duquesa.
 

Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)