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El máximo organismo del deporte español invierte más en sus propios dirigentes que en apoyar a los jóvenes deportistas

Albert Soler hereda el pufo de 244 millones de euros que le dejó Lissavezky en el Consejo Superior de Deportes

Julio 26, 2011

En plena política de reducción de gastos tan sólo consiguió un ahorro de 5.000 euros entre el 2009 y el 2010

Los gastos de personal superan los 15 millones de euros

Dedica dos millones a ayudas en otros países mientras que solo destina 430.000 euros al deporte paralímpico


El Consejo Superior de Deportes (CSD), a pesar de la consigna marcada por José Luis Rodríguez Zapatero desde La Moncloa de reducir gastos a cualquier precio, sigue con su sangría económica en plena efervescencia y apenas ha conseguido ahorrar 5.000 euros entre 2009 y 2010. En un informe detallado de sus cuentas del pasado ejercicio, hecho público recientemente por el Boletín Oficial del Estado (BOE), el CSD acumula una deuda de 244.030.757 euros. El máximo organismo del deporte español, que depende desde 2009 del Ministerio de Presidencia que dirige Ramón Jáuregui, pese a haber estado siempre ligado a Educación y Cultura, no ha sido capaz de agilizar su economía, en lo que supone un nuevo varapalo para un Gobierno con fecha de caducidad que apenas se mantiene ya en pie.

Herencia envenenada

Esta es la envenenada herencia que recibe el nuevo secretario de Estado para el Deporte, Albert Soler, de su antecesor en el cargo, Jaime Lissavezty, que a su vez fue vapuleado en las pasadas elecciones a la alcaldía de Madrid por Alberto Ruiz Gallardón. Lo cierto es que Soler tiene ahora la patata caliente de la deuda entre las manos, aunque todo apunta a que no acabará abrasado, sobre todo si se adelantan las elecciones generales a noviembre, un clamor popular al que recientemente y por sorpresa se sumó también el periódico ‘El País’, medio tradicionalmente fiel a Zapatero, en un demoledor editorial en el que le pedía que dejara ya de arruinar España.
Sólo en gastos de personal el CSD llega casi a los 15 millones de euros, y en gastos corrientes supera los 20. En estos dos apartados el informe no da más detalles, pero a más de uno, en los tiempos que corren, le gustaría saber adónde fue a parar tanto dinero. Pero si encima se comparan estas cifras con lo que el CSD invirtió el pasado año en niños y adolescentes, el sentimiento puede ser de vergüenza y rabia, por no decir algo peor, ya que todo el dinero destinado a que los jóvenes practiquen alguna modalidad deportiva no supera los 16 millones de euros. En este capítulo resultan irrisorios los 130.000 euros de ‘Apoyo al deporte joven’ o los apenas 50.000 de ‘Promoción en ámbito local’, y el apartado de ‘Deporte escolar y universitario’, el que más dinero recibe del CSD, se sitúa en los siete millones de euros. Le siguen la construcción de instalaciones deportivas, con 5.600.000 euros, y el Programa de Tecnificación Deportiva (2.364.140). Tras ver las cifras invertidas en los chavales, si alguien pensaba que el futuro del deporte español está en la juventud parece que se equivocaba. Como enésimo ejemplo, el CSD, sólo por anunciarse en el exterior, gasta tres millones de euros al año.

Paralímpicos y mujeres, los marginados

A la hora de fomentar las actividades deportivas, el CSD ha concedido más de 70 millones de euros a las federaciones, mientras que el deporte paralímpico sólo recibe 430.000 euros anuales, la promoción de la mujer en el ámbito deportivo se queda con 640.000, y los proyectos y becas de investigación sobreviven con 210.000 euros. Eso sí, las actuaciones en Asia, África e Iberoamérica, englobadas en el apartado de ‘Políticas Transversales’ del CSD, consiguen casi dos millones de euros.

Resulta curioso, pero el capítulo de ‘Operaciones Comerciales’ del informe, donde se supone que deben ir los datos referentes a las actividades recientes o en curso que el CSD lleva entre manos, aparece en blanco. 

Pero el legado de Lissavezky no acaba aquí. Además de tener la casa sin barrer, Soler se enfrenta al Miura de los clubes de fútbol. La deuda de estas instituciones es de 700 millones de euros, y el anterior secretario de Estado para el Deporte hizo la vista gorda con los equipos que eludían su obligación tributaria. El Gobierno, incluso, no hizo caso al mandato del Congreso para actuar contra los clubes infractores, y tuvo que soportar la amenaza de una huelga del fútbol el pasado marzo si no se garantizaban mayores ingresos a los clubes.