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Extraconfidencial.com ha tenido acceso en exclusiva a la entrevista de la campaña

Alaska se pincha dos banderillas en la espalda para luchar contra la tauromaquia

Mayo 30, 2008

La cantante Alaska se desnuda para una campaña en contra de la tortura taurina. Este periódico reproduce en exclusiva algunas de las palabras de Alaska en la entrevista que verá la luz próximamente.

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Se ha desnudado para luchar contra la tortura de los toros. Y lo ha hecho para mostrar su repulsa a una de las fiestas más sangrientas de nuestro país. La cantante Alaska, siempre polémica en sus gestos y acciones, será la imagen de las archiconocidas PETA y ANIMANATURALIS, dedicadas a la reivindicación de los derechos de los animales. Este lunes se presentará una publicidad donde la cantante Alaska aparece completamente desnuda y sangrando, herida por las banderillas clavadas en su espalda. Unas fotografías realizadas por Juan Valentín que ilustran “La verdad al desnudo: la tauromaquia es cruel”. No sólo será polémica la imagen definitiva que la propia Alaska descubrirá durante la rueda de prensa que tendrá lugar a las 13.30 en el “Lay Down” de Madrid (Plaza Mostenses, 9), pues también se podrá acceder a una jugosa entrevista en la que Alaska se destapa interiormente para desvelar aspectos desconocidos de su relación con los toros y a los que extraconfidencial.com ha tenido acceso en exclusiva: “Posar desnuda no me supone nada en absoluto y sobre todo si es para apoyar y decir con mi cuerpo lo que pienso sobre este asunto. Yo soy casi hija de torero, pues crecí en un ambiente muy cercano al ambiente taurino pero con la adolescencia me di cuenta que no podía continuar con este tema. Eso sí, mi madre ha sido incluso apoderada de toreros”. Referente a la tan debatida tradicción, Alaska lo tiene claro: “El nombre de la tradición no se puede aceptar un acto contra los animales. En la antigua Cartago era tradicción la inmolación del niño pequeño que era el heredero de los poderes de sus padres. No es lícito ni debe llamarse tradicción. Yo estoy dispuesta a poder dejar eso como un baile o una coreografía pero no con sangre”. Unas polémicas palabras que traerán mucha cola.
 
¿El arte de la sangre?
 
No cabe duda que Alaska es de las que cree que el toreo es la forma más panderetera y paleta de asesinar a un ser vivo. Un cruel asesinato con saña y ferocidad en el que todo vale, incluso drogar hasta el límite a la víctima. Todavía desencaja que ver brotar la sangre de las múltiples heridas causadas por las banderillas, estimule a una masa enfervorecida que menea el pañuelo blanco en señal de agradecimiento. Sentir como se introduce el estoque entre «el hoyo de las agujas» excita. Tanto, como conseguir hacerlo a la primera. Y no por evitar mayor sufrimiento al cornúpeta, sino porque el prestigio del matador proviene de su sapiencia y desenvoltura en el momento de la estocada final. Los que saben se vanaglorian al decir que es un arte: La tauromaquia. Estar tan cerca de un toro y sentir su aliento en la nuca mientras se ultima el tétrico plan. Una necedad, sobre todo por lo que representa moralmente terminar con la vida de alguien sin su consentimiento. No hablo de la eutanasia, libre opción con multitud de matizaciones y objeciones. Los vítores se multiplican cuando la cuadrilla saca a hombros al torero por la puerta grande, premiando una buena faena. Aquella en la que no ha sido necesario utilizar la puntilla o puñal para rematarlo. Es habitual que lo practiquen cuando el toro se resiste a caer y busca huir de semejante maltrato, quizás sabiendo que se acerca el final. Su final. Envuelto en sangre y con innegables mutilaciones en su cuerpo, el toro es arrastrado por la Plaza mientras el gentío mordisquea las pipas. ¿Tradición o maldición?
 
Por Saúl Ortiz