Menú Portada
Recopilaba datos sensibles de sus clientes más relevantes

Agenda oculta: Se cumplen 16 años del asesinato de la prostituta Ewa Etriniak

Abril 21, 2015

Se sospechó de uno de sus últimos clientes, pero sin pruebas sólidas para llevarle a juicio. En mayo de 2001, el juez instructor, José Manuel Ortega, daba por concluido el sumario y lo remitía a la Audiencia de Valencia sin imputar a ninguna persona por este crimen

pq_929_traslado-cadaver.jpg

A mediados de 1999, la prensa española especulaba con la existencia de una agenda misteriosa que contenía las claves de las turbias relaciones entre una prostituta de lujo y varios prohombres valencianos, representantes de las clases más acomodadas: una agenda de sexo, dinero y poder que bien podía valer la vida de una persona. Su supuesta autora, la meretriz de alto standing Ewa Striniak, polaca, de 44 años, apareció asesinada en su domicilio de Valencia el domingo 25 de abril de 1999.

A Ewa Striniak le habían acuchillado todo el cuerpo con un machete de monte de doble hoja en su propia casa, y luego le levantaron la tapa de los sesos de cuatro golpes brutales y certeros, propinados con un objeto contundente, como un martillo. El cuerpo apareció vestido y en la cama.

La brutal muerte de una prostituta discreta

La víctima había llegado a España a comienzos de los años 90 y, tras desempeñar varios trabajos esporádicos, se decantó por la prostitución de lujo, atraída por el dinero fácil y respaldada por un físico tan exótico como imponente. Recibía a los clientes en su domicilio de la calle Pintor Monleón, y sus vecinos la calificaron como respetuosa, correcta, elegante y discreta, hasta tal punto que no supieron a qué se dedicaba hasta el día de su asesinato, si bien les había llamado la atención la presencia frecuente de vehículos de alta gama en las inmediaciones de la finca.

El primer y único sospechoso en este caso fue un hombre de 48 años, Eduardo Andrés B. C., decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Valencia, que fue la persona que descubrió el cadáver de Ewa y quien dio aviso a las autoridades. Los policías recelaron de él, porque no se presentó en comisaría hasta transcurrida más de una hora del hallazgo y porque su relato de lo que hizo en ese intervalo de tiempo contenía numerosas lagunas. Le leyeron sus derechos y lo llevaron ante el juez tras pasar 48 horas en los calabozos de la jefatura de Valencia.

Celos, chantaje y un sospechoso

Según contó el detenido, Ewa Striniak mantenía con él una relación más intensa que la de un simple cliente, hasta el punto de que él disponía de llaves del domicilio de la víctima y guardaba ropa y algunos objetos personales suyos en casa de la mujer, a la que visitaba hasta cuatro veces por semana. El día de autos fue con su mujer y sus hijos primero a misa y después, a comer; más tarde, a eso de las 20 horas, se presentó en la casa de la prostituta y se la encontró muerta, estuvo deambulando por la vivienda recogiendo algunos de sus enseres hasta que, 45 minutos después, decidió llamar a un amigo, quien le convenció de acudir a comisaría.

Durante el registro de la escena del crimen, los policías encontraron una auténtica mina de oro: la agenda secreta de Ewa Striniak, en la que figuraban los nombres de una treintena de personajes relevantes de Valencia: desde políticos a miembros de la jet set; de conocidos profesionales liberales a notarios; de abogados a acaudalados empresarios. Junto a los nombres, la víctima había anotado fechas, horarios, tarifas y hasta los apodos y números de teléfono de los supuestos clientes. Pero en la casa había algo más y no menos sensible. La prostituta guardaba una serie de vídeos con imágenes comprometedoras para algunos de los hombres que la visitaban. Podría tratarse de un asesinato derivado de un intento de extorsión, pero entonces, ¿por qué el asesino no se llevó la agenda y los vídeos después de matar a la mujer?

400 potenciales criminales

Mientras se tomaba discretamente declaración a los personajes que figuraban en la agenda y a otros que habían llamado por teléfono a la víctima en fechas inmediatas al crimen, y cuyos datos facilitó al juez la compañía telefónica, los expertos policiales apuntaron una doble posibilidad que incriminaba directamente a Eduardo Andrés B. C.: o bien éste se volvió celoso en extremo, negándose a compartir los favores de la prostituta con otros hombres; o bien ella quiso poner fin a la estrecha relación entre ambos y el sospechoso se opuso violentamente. En ambos casos el desenlace habría sido el asesinato de Ewa. Esta incriminación se apoyaba, además, en los tres cuartos de hora que esta persona tardó en comunicar el hallazgo del cadáver, un tiempo durante el que no explicaba lógica, clara y convincentemente qué había hecho.

Comoquiera que la prostituta polaca disponía en su domicilio de una línea de teléfono erótico que se anunciaba en la prensa local, la Policía interrogó a cerca de 400 personas que había empleado ese servicio. Todos tenían coartada, como también la tenía un cliente que visitó a Ewa Striniak el mismo domingo en que fue asesinada. La única declaración que aportó algo significativo fue la de un arquitecto valenciano residente en Londres y cliente esporádico de la víctima. Dijo a los investigadores que Ewa le había confesado en una ocasión que Eduardo Andrés quería que dejara la prostitución, que se volvía muy celoso y que, por ello, la había llegado a golpear.

El archivo y el olvido del caso

Después de siete horas de interrogatorio, el juez acordaba dejar en libertad sin fianza a Eduardo Andrés, si bien le requisaba el pasaporte y le imponía la obligación de acudir regularmente al juzgado. El sospechoso negaba insistentemente tener algo que ver con el asesinato de su amante prostituta y reclamaba su inocencia. Además, los análisis realizados por la Policía Científica sobre el cadáver le exculpaban.

En mayo de 2001, el juez instructor, José Manuel Ortega, daba por concluido el sumario y lo remitía a la Audiencia de Valencia sin imputar a ninguna persona el asesinato de Ewa Striniak por no hallar indicios de criminalidad contra nadie. La Audiencia, por su parte, anulaba parte de las actuaciones al estimar que el único imputado durante la instrucción había sufrido indefensión, por lo que poco después el caso quedaba archivado provisionalmente por falta de autor conocido. El arma homicida nunca ha sido encontrada.

José Manuel Gabriel