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Su amigo Valcárcel le ofreció un puesto en las listas por Murcia que el ex presidente valenciano rechazó

A Zaplana no le quiere nadie

Octubre 8, 2007

La inmobiliaria Llanera, que tan buenos contratos obtenía cuando el de Cartagena ejercía el poder político en la Comunidad Valenciana, se ve ahora inmersa en una tremenda crisis que puede acabar con la destrucción de 400 puestos de trabajo

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La inmobiliaria Llanera, que tan buenos contratos obtenía cuando el de Cartagena ejercía el poder político en la Comunidad Valenciana, se ve ahora inmersa en una tremenda crisis que puede acabar con la destrucción de 400 puestos de trabajo
 
Las posibilidades reales de que Eduardo Zaplana ocupe un puesto destacado en las listas del PP en la Comunidad Valenciana son casi tan remotas como que en un tiempo no muy lejano pueda volver a aspirar a arrebatarle el cargo a su compañero Francisco Camps. Nadie lo quiere cerca. Su amigo y paisano Valcárcel -no hay que olvidar que Eduardo Zaplana es murciano (cartagenero para más señas)- le ha ofrecido la posibilidad de formar parte de la candidatura del PP por Murcia, algo que no ha aceptado el actual portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados.
 

¿Amigos o enemigos?

Eduardo Zaplana aspira a que su condición de número 3 del grupo parlamentario tenga su correspondiente peso en las listas electorales y, por tanto, se cree con el derecho de exigir un hueco en la lista de Madrid, y que además éste sea relevante.  Esto explica las declaraciones del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, cuando manifestaba su clara intención de formar parte de la candidatura al Congreso por Madrid, no importándole el puesto de salida, y respetando a Mariano Rajoy al frente de la lista, en tanto que se postula a la presidencia del Gobierno.
 
Quien otrora fuera un líder joven con aspiraciones políticas y con una ambición desmedida, a quien no le importó hacer rodar cabezas, practica ahora el juego de la sillita, aunque él prefiere el de la poltrona. No vale cualquier acomodo. Tan mal las tiene Zaplana que la empresa constructora e inmobiliaria Llanera, que tan buenos contratos obtenía cuando el de Cartagena ejercía el poder político en la Comunidad Valenciana, se ve ahora inmersa en una tremenda crisis que puede desembocar en ruina, empezando por la destrucción de 400 puestos de trabajo.
 

Aportaciones millonarias para sus proyectos políticos 

Y todo porque sus operaciones riesgos estaban sujetas a la compra de ingentes cantidades de suelo rústico barato, aportando importantes sumas anticipadas por la CAM y Bancaja, que después se convertirían en pingües beneficios, contando claro está, con la imprescindible recalificación de suelo en urbanizable por parte algunos ayuntamientos.
 
Ahora a los amigos de Zaplana les cortan la yerba bajo los pies, y los mismos bancos que, controlados por una mayoría de consejeros designados por el PP, les daban créditos y avales, ahora rápidamente se los reclaman y les llevan a la ruina. No han faltado oportunistas, como el presidente de la patronal valenciana de la construcción, que han querido poner la situación de Llanera como ejemplo de la crisis inmobiliaria “que nos invade, cuyo responsable sólo es Zapatero”.
Aquí el único problema está en que los políticos que antes les aseguraron el negocio del siglo comprando suelo rústico a dos perras esperando la recalificación, ahora ya no tienen poder, han sido defenestrados políticamente, y así la empresa se ha dado cuenta que ahora tienen millones de metros cuadrados de suelo donde sólo podrá poner alguna casita madera, pero no hacer miles de apartamentos con campo de golf que habían programado y que tanto animaban a los bancos que les avalaban.
 

Hasta sus “amigas”, relegadas

Todos los zaplanistas que quedaban han sido apartados como “apestados” por los campsistas y el último ejemplo es el caso de Margarita de la Vega, la mujer de José Joaquín Ripoll, el líder zaplanista del PP de Alicante, que ha sido apartada de un plumazo de su empleo en la Universidad Miguel Hernández de Elche por el rector del campus Jesús Rodríguez Marín. La salida de De la Vega del centro universitario, al que se incorporó durante la etapa en la que Ripoll ocupó la Conselleria de Presidencia, se produce en un momento de claro distanciamiento entre Rodríguez Marín, situado en la órbita del presidente Francisco Camps, y el propio mandatario de la institución provincial, que comanda el último reducto del zaplanismo.
 
Con estos gestos Francisco Camps ha decidido llevar hasta el final su purga política que, si los dioses no lo remedian, Eduardo Zaplana verá en 2008 el fin de una carrera política que empezó con la compra de la concejala Maruja, una tránsfuga del PSOE en el Ayuntamiento de Benidorm, cuyo voto elevó a Zaplana a la alcaldía en contra de la voluntad ciudadana.