Menú Portada

A vueltas con la herencia de la reina Fabiola: parte de sus parientes españoles se plantean presentar una reclamación ante la familia real belga de la parte que les corresponde

Febrero 9, 2016
fabiola

A mediados de enero saltaba en la prensa belga la noticia de que, a pesar de haber transcurrido algo más de un año desde el fallecimiento de la reina Fabiola, entre cinco y nueve personas que habían sido asignadas a su servicio continuaban contratadas y trabajando para ella en el Palacio de Stuyvenberg, última residencia de la reina de origen español. Una noticia incómoda en tiempos de restricciones que inquietó a la Corte belga que hace unos días se apresuraba a notificar a los medios que la sucesión de Fabiola había quedado finalmente cerrada y liquidada, tras realizarse el necesario inventario de muebles y objetos de acuerdo con las disposiciones legales en vigor, dándose con ello el asunto por zanjado. Una herencia de valor desconocido pero estimada en unos 100 millones de euros que, en su práctica totalidad, fueron destinados a la Fundación “Obras de la Reina” de la que de ahora en adelante se hará cargo la reina Matilde que continuará con esa acción filantrópica y social. Por tanto ya se ha procedido a la liquidación de los despidos de las personas que estuvieron al servicio de la reina difunta, pronto se decidirá a que organizaciones sociales y asistenciales se destinará el dinero procedente de la herencia y el Palacio de Stuyvenberg ya está reintegrado desde el 1 de febrero al patrimonio real al que pertenece.

Sin embargo la clausura de la sucesión no ha evitado numerosas especulaciones relativas a ciertos bienes personales de la reina, como mobiliario, propiedades en España y, sobre todo, su magnífica colección de joyas que comprendía tiaras, collares, pendientes, broches, sortijas y brazaletes de gran valor. Algunas de estas piezas ya han aparecido lucidas por la reina Matilde en actos oficiales, pero se especulaba con que otras hubiesen ido a parar a su larga lista de sobrinos y sobrinos nietos españoles. Sin embargo, nada de esto último ha sucedido, pues, según nos confirma una fuente muy cercana a la familia inmediata de Fabiola, todas esas piezas han ido a parar en grueso a la actual reina Matilde por quien la difunta sentía una altísima estima.

Malestar entre sus parientes españoles

No obstante no ha dejado de aparecer en escena un sobrino de la reina, cuyo nombre no se avanza, que parece mostrarse molesto con la familia real belga por considerar que los parientes españoles no han recibido hasta el momento ningún recuerdo u objeto personal de la difunta. Hasta se habla de que un sector de tan larga familia que comprende una extensa lista de miembros de los clanes Mora y Narváez, Mora y Silva, Mora y Gasch, Ruiz de Bucesta y Escrivá de Romaní, estaría planteándose proceder a una reclamación de su parte de la herencia ante la familia real belga. En ese sentido se alega que numerosos bienes muebles que terminaron en el palacio de Stuyvenberg procedían de la herencia española de Fabiola, que en su momento fue muy mejorada en el testamento de su tío Fernando de Aragón y Carrillo de Albornoz, marqués de Casa Torres, y que tendría sentido que regresasen a la familia. En esa misma línea argumental se afirma que una vez casada la reina decoró estancias del Palacio de Laeken, en Bruselas con obras de arte y muebles procedentes del palacio familiar de la calle Zurbano de Madrid, y se habla de cuatro parcelas de Fabiola en la localidad de Guetaria, de dos despachos en Madrid, y de una finca con palacio en la localidad navarra de Elio. Sin olvidar la Villa Astrida de Motril, que en 2013 constaba como propiedad de la reina cuando se consideraba aun bien cedido a la Fundación Rey Balduino.

Sin embargo, las mismas fuentes muy cercanas a la familia, y en particular a las sobrinas que mantuvieron un mayor trato con la reina, trato que mantienen muy regularmente con los reyes Felipe y Matilde, nos confirman que el Palacio de Elio fue vendido por la propia Fabiola hace ya bastantes años no quedando nada de su propiedad en la Comunidad de Navarra, y nos hablan del escaso interés de la difunta por esos bienes familiares y por la “cacharrería” varia propia de este tipo de palacios y grandes casas. Al parecer a lo largo de los años se produjeron numerosas ventas como la de la casa de París, y la familia -una de las sobrinas viaja todo los meses a Bruselas y mantiene contacto permanente con los reyes locales-, no se plantea en modo alguno una demanda que les malquistaría con la dinastía belga, y que se considera en todo punto perdida y sin sentido pues lo que quiera que la reina decidió entregar a sus numerosos sobrinos debió de hacerlo en vida amén de que es muy posible que todavía en vida decidiese dedicar parte se sus bienes a sus numerosos emprendimientos caritativos.

Entre tanto, la mayoría de los sobrinos calla, al igual que lo hace la única cuñada viva de la reina, la marquesa viuda de Casa Riera que el pasado miércoles se reunía en Madrid con un nutridísimo grupo de nobles titulados para celebrar los 80 años del en otro tiempo polémico duque de Tovar, Alfonso de Figueroa y Melgar, que en 1980 vio cómo se confirmaba la sentencia que le condenó por un delito de injurias al rey don Juan Carlos durante un “acto de afirmación nacional” en conmemoración del Día de la Victoria en el lejano 1978.

Ricardo Mateos