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Tampoco se espera a nuestros reyes en la celebración de los 800 años de la dinastía de Anhalt en el bello palacio de Oraniembaum

A vueltas con el jubileo de Isabel de Inglaterra

Mayo 20, 2012
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Todavía nos llegan los ecos de las gruesas polémicas que el viernes pasado deslucieron una de las grandes jornadas del jubileo de diamante de Isabel II de Inglaterra, que con tanto brillo se viene celebrando en toda la Gran Bretaña en medio de un gran despliegue mediático que aspira a relanzar la imagen pública de la monarquía británica, que desde la boda del príncipe Guillermo pasa por uno de sus mejores momentos. Una celebración que se auguraba glamorosa pero que quedó empañada por la falta de sensibilidad diplomática tanto de la propia casa real como del gobierno británico.

Hasta última hora el palacio de Buckingham se negó a hacer pública la lista de invitados, animando así a la rumorología, en medio de protestas contra la presencia tanto en el encuentro que a mediodía se celebró en el castillo de Windsor como en la cena que siguió en la noche en el palacio de Buckingham, de dos monarcas tildados de auténticos tiranos en sus propios países: el rey Hamed de Bahrein y el rey Mswati III de Swazilandia. Desde el Foreign Office se afirmaba que los invitados lo eran de la reina Isabel, mientras que desde el palacio de Buckingham se hablaba de consideraciones políticas por parte del gobierno de Cameron pues el ejecutivo habría aprobado la invitación al rey de Bahrein enfatizándose con ello que el jubileo no se considera una mera festividad privada para Isabel II, sino una cuestión de Estado ante la que ella misma ha de plegarse sin tener en cuenta sus simpatías personales.

Pero a la luz de los hechos esto parece algo realmente difícil de entender, habida cuenta de la mala acogida que ha tenido entre la opinión pública británica la presencia de esos dos reyes tiranos, y de que a pesar de los molestos precedentes del pasado se haya cometido la torpeza de enviar a los nada atractivos condes de Wessex a visitar Gibraltar en el momento más inoportuno. Una visita que podría haberse programado para cualquier otro momento del año, evitándose con ello un conflicto innecesario con la familia real española tan vinculada por lazos de afecto y de parentesco con los Windsor.

Invitados algo más que polémicos

En fechas todavía recientes la prensa británica afirmaba que por tratarse de una cuestión de estado el rey Constantino de Grecia, queridísimo en Buckingham, no sería invitado por el deseo del gobierno británico de no ofender a la república griega. Pero a la postre no cabe duda de que la reina Isabel ha tenido mucho que decir puesto que decidió invitar a su mesa no solamente a tres monarcas destronados, tres primos muy apreciados en Buckingham como son el propio Constantino, el rey Miguel de Rumania y el rey Simeón de Bulgaria, sino también el príncipe Alejandro de Serbia que nunca pasó de ser el heredero de una familia real destronada.

Pasaron ya aquellos tiempos en lo que el rey Alfonso XIII era recibido con todos los parabienes en Londres, y no hay duda de que doña Sofia habrá lamentado enormemente el no haber tenido la oportunidad de regresar a Windsor y de reencontrarse con tantos primos y parientes tan queridos a los que quizá necesita en estos momentos. Pero en fechas recientes también la echamos de menos en la celebración con la que su primo el margrave Max de Baden ha querido dar realce a los 900 años de su histórica dinastía.

Más ausencias de los reyes de España

Una fiesta que reunió en el castillo de Salem, allí donde doña Sofía pasó sus años de estudio en Alemania, a un nutrido grupo de parientes entre quienes no faltaron Carolina de Mónaco, su hijastro Ernesto Augusto de Hannover, el duque Carl de Wurttemberg, el príncipe Karl Friedrich de Hohenzollern el conde Bjorn Bernadotte, y príncipe Heinrich de Fürstenberg llegado en su viejo Rolls Royce desde su palacio de Donaueschingen. Oficiaron de anfitriones el propio Max de Baden, su esposa la archiduquesa Valeria de Austria y sus hijos, pero no pudo estar allí la princesa Margarita de Baden, hermana del margrave, que a día de hoy se encuentra internada en una residencia geriátrica de Londres.

Hubo cena de familia en el castillo de Salem y matinée en el teatro estilo rococó de Baden-Baden, recibiendo la familia principesca el reconocimiento del presidente de la región de Baden-Wurttemberg, Guido Wolf, que resaltó la tradición democrática y liberal de los Baden y su contribución todavía vigente a la promoción de la educación y de la democracia. La ausencia de nuestra familia real en este tipo de eventos comienza a ser ya habitual, y por tanto es de esperar que a comienzos de junio nuestros reyes tampoco envíen representación alguna a la celebración de los 800 años de la dinastía de Anhalt en el bello palacio de Oraniembaum. 

Ricardo Mateos