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A vueltas con el corazón de la icónica reina María de Rumania: de una caja de zapatos al enterramiento en el palacio de Pelishor

Octubre 13, 2015
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Cuando ya se habla de la esperada visita de los reyes de España a Inglaterra en la próxima primavera, doña Letizia volvía a triunfar en Alemania el viernes pasado con ocasión de la inauguración de la Exposición dedicada a Zurbarán en Dusseldorf, y ya se prepara para volver a viajar este viernes a Milán para asistir a la ceremonia oficial del Día Mundial de la Alimentación en su calidad de embajadora especial de Naciones Unidas para la FAO. Su presencia internacional crece, se habla de ella como la mejor embajadora de la moda española -causa admiración en algunos foros-, y hasta hemos oído declarar su admiración por ella a algún independentista catalán.

Entre tanto continúan llegándonos ecos del entierro del infante don Carlos, donde ella estuvo particularmente afectuosa con la familia del finado dada la cercana amistad que la une a la princesa Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Hechos que llamaron la atención, como la actitud glacial de ella y de don Felipe hacia la infanta Cristina, cuya presencia en el acto no era evitable dada su íntima relación con la familia del infante y por tratarse de un acontecimiento familiar desvestido de toda relevancia oficial al que ni siquiera siguió un esperable almuerzo en familia. Una situación fuertemente tensa para la familia real y la familia del rey, a tres meses del paso de la infanta Cristina por el Juzgado y a la vista de su negativa a renunciar a sus derechos sucesorios. Se enterraba a un infante de España, pero no hubo ni mantillas ni gran ceremonial, y si se notaron muy notables ausencias por el vacío que los príncipes de Orleans, hermanos de la ahora duquesa viuda de Calabria, han decidido mostrar a sus sobrinos Borbón-Dos Sicilias. Solamente las princesas Hélène y Chantal decidieron viajar hasta Madrid, en momentos en los que parece que ni la gran venta de objetos de valor histórico de hace tan solo unos días en París ha podido terminar con los enfrentamientos de tantos años entre estos príncipes franceses. Ni siquiera la ubicua princesa Beatriz de Orleans, residente en Madrid y tan amiga de estos encuentros regios, quiso estar presente en un acto al que solamente acudieron el duque de Braganza, jefe de la casa real de Portugal, y la familia real búlgara.

Zarzuela, muy sutil con las cuestiones dinásticas

Pero si no hubo representación de la casa de Orleans, allí sí estaba Luis Alfonso de Borbón que se marcó un gran golpe de efecto como duque de Anjou al aparecer con su escayolada esposa Margarita Vargas. Aunque, nos dicen, su triunfo se vio empañado por el comunicado oficial de Zarzuela que daba a la viuda del infante, la princesa Ana de Orleans, el tratamiento de princesa de Francia como reconocimiento tácito por parte de don Felipe de su apoyo a los Orleans en su pugna con Luis Alfonso por la jefatura de la casa real francesa. Porque en Zarzuela las sutilezas de las cuestiones dinásticas aún se tienen en cuenta, como sucedió cuando desde allí llegó un “no” rotundo a recibir a  Pedro José Folque de Mendoça Rolim de Moura Barreto, duque de Loulé, que es quien reclama para sí la jefatura de la casa real portuguesa en detrimento de la mucho más fundada pretensión del duque de Braganza, que es tan cercano a la familia real española.

los duques de Anjou en el escorial
Los duques de Anjou en El Escorial

Y con la desaparición del infante se abre ahora su sucesión, siendo más que probable que su Finca La Toledana, en la provincia de Ciudad Real, pase probablemente a su primogénito, el príncipe Pedro, que desde hace años se ocupa de su explotación como empresa agropecuaria y de uso cinegético (Agrocinegética Borbón S.L.), y que vendrá a sumarse a la que ya heredó hace unos años en Austria, la Finca Glashütte, tras la muerte de su tía la princesa María Cristina de Borbón-Parma. Como nuevo jefe de la casa real de las Dos Sicilias es lógico que sea mejorado en la herencia paterna, pues la jefatura de una casa implica siempre gastos muy cuantiosos difíciles de encarar para una familia poco dada a los fastos y que siempre se ha movido con una cierta modestia económica. Así mismo, cabrá ver que título decide tomar como nuevo rey “de derecho” del extinto reino de las Dos Sicilias, al tiempo que las miradas se dirigen ya a su primogénito, el príncipe Jaime, a quien su abuelo creó duque de Capua y que hace tan solo unos meses rompió su relación sentimental con una joven jienense llamada María Victoria.

Las vicisitudes del corazón de la mítica reina María

Entre tanto, en Rumania la familia real se prepara para la gran ceremonia que tendrá lugar el próximo 3 de noviembre en el bello palacio de Pelishor, para el enterramiento definitivo allí del corazón de la mítica reina María que es sin duda el personaje más icónico de la historia de la dinastía y la reina más venerada en el país. Un corazón con una larga historia desde que en 1938, y tras el fallecimiento de la soberana, fue enterrado siguiendo ciertas costumbres medievales por expreso deseo suyo en la Capilla Stella Maris de su palacio de Balcic en el Mar Negro.

Pero dos años después cuando aquellas tierras fueron cedidas a Bulgaria en plena II Guerra Mundial la víscera fue desenterrada y re-enterrada en el castillo rumano de Bran, propiedad de su hija la princesa Ileana en los Alpes de Transilvania. Sin embargo, en 1968 partisanos del régimen comunista destruyeron el sarcófago de mármol en el que yacía, y enviaron el cofre de plata que lo contenía al Museo de Historia Natural de Bucarest donde ha permanecido hasta la actualidad dentro de una caja de zapatos en el almacén del Museo. Por tanto, pronto asistiremos a tan particular ceremonia que será presidida por el anciano rey Miguel, nieto de aquella reina que fue prima hermana de la reina Victoria Eugenia de España y que en 1922 orquestó una fastuosa coronación para ella y su esposo como forma de conmemorar lo que entonces se definió como “la gran Rumanía”.

Ricardo Mateos