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A Rossi no le merecía la pena

Octubre 26, 2015

La evidencia es que la imagen de Valentino Rossi, un ídolo en todo el mundo, hasta el punto que hay gente en España que prefiere que gane él, queda manchada. La maniobra de Malasia para sacar a Márquez de la carrera es una de las más antideportivas que se recuerdan. Es difícil encontrar en el mundo del deporte tres días con más declaraciones polémicas que los que han transcurrido en la penúltima carrera del Mundial de motos. Rossi, después de todo, añade: “No sé si correré en Valencia”. El italiano va de víctima

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La estrategia que inició el jueves cuando de repente dirigió su ataque hacia Márquez no ha acabado. Ahora dice, después de la sanción que le obliga a salir último en Valencia, que lo mismo no corre. No parece la mejor versión de una leyenda de las motos y obliga a los aficionados a tomar partido entre el mejor piloto de los tiempos modernos y la deportividad. Lo que hizo Rossi al mandar al suelo a Márquez es una las acciones más sucias en una pista que se recuerdan.

El invento de Rossi

Dice el italiano que el español iba con Lorenzo y que ha hecho todo lo posible para que no gane. Solo Márquez sabe quién le gustaría que ganara y si de verdad ha hecho algo para beneficiar a Jorge, que la verdad no tiene pinta. Marc pasó a Lorenzo en la última vuelta de Australia y se lo podía haber ahorrado. Y además, no es que los dos sean muy amigos. Esto del frente español contra el frente italiano se lo inventó Rossi el jueves y si alguien quiere comprarlo allá él.

Valentino Rossi, ganador de numerosos títulos, no necesitaba esto. No le queda mucho encima de la moto y si termina ganando este título no será el más limpio de su carrera. Quizá el tiempo que le queda en los circuitos es lo que le ha hecho llevar su guerra psicológica hasta la última consecuencia. No tendrá muchas oportunidades de ser campeón y es evidente que no quiere que se le escape esta opción. Perder tanta imagen y unos cuantos seguidores por un título cuando tienes tantos no se sabe bien si merece la pena.

José Luis Corrochano