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EXCLUSIVA
El reparto de los bienes entre los hijos ha sido claramente desigual y aseguran que "el conde de Siruela está que trina"

A la nobleza española no le gusta la boda de Cayetana de Alba

Octubre 2, 2011

Algunos Grandes de España afirman que todo está orquestado por Carmen Tello, que tiene un gran poder sobre la duquesa

No ha dudado un momento en casarse por la Iglesia ni en solicitar a don Juan Carlos I el siempre necesario permiso para casarse, cumpliendo así con pulcritud con lo que mandan los cánones más clásicos


Corren malos vientos para la nobleza española que, sintiéndose fuertemente relegada por la Corona que -según su sentir, la relega al ostracismo y al anonimato-, cierra filas para mantener en alto un prestigio social que no acaba de conseguir recuperar. Las leyes fuertemente restrictivas en relación con las sucesiones y con los pleitos por la posesión o recuperación de títulos; el cerrojazo total a las rehabilitaciones de títulos vacantes (tan generosas en tiempos de Franco), y el cambio de la Ley que reconoce el derecho preferente de las primogénitas tienen al colectivo bastante exasperado. Mientras, la Diputación de la Grandeza, dicen algunos, “asiste impasible a tan peligrosos atentados contra la nobleza española, cuya importancia se busca minimizar”.

Por ello para muchos la “estrambótica” boda de Cayetana de Alba no viene sino a empeorar las cosas, pues contribuye a empañar la imagen de un grupo social fuertemente endogámico que no acepta con facilidad a cualquiera en sus filas y que se siente un tanto ridiculizado con esta nueva ocurrencia de la sin par Cayetana. De ahí que no sea extraño que esta boda de la famosa duquesa esté dando pábulo a fuertes críticas en los foros más aristocráticos, pues hay quien llega a calificar a la duquesa de Alba de “fin de raza”.

Malestar entre los hijos por el reparto de los bienes

Para muchos una cosa es que una Grande de España tan representativa como ella mantenga una amitié amoureuse con quien quiera, lo cual es muy aceptable, y otra cosa muy distinta y nada aceptable es este “bodorrio” con tintes mediáticos y populacheros con alguien de fuera del círculo que no aporta nada a Casa tan importante como la de Alba de Tormes, que es cabeza de tantos títulos y viejas herencias nobiliarias (grandes casas históricas como las de Lerín, Hijar u Olivares). Para colmo de males la misma sobriedad que se prevé para la ceremonia estropea aún más las cosas pues son muchas las señoras importantes que se sienten ofendidas por no haber sido invitadas, por mucho que la propia Cayetana les haya dejado claro que sí que las tiene en cuenta.

Tanto es así que una conocida duquesa nos cuenta que la novia le ha llamado para disculparse, si bien eso no parece ser suficiente ya que no son pocos los que arremeten con furia y los que compadecen a los hijos y en especial a los mayores, los duques de Huescar y de Aliaga. Al primero, por ser el heredero de tan gran Casa a la que esta boda pone en solfa y, al segundo, por su importante y comprometido cargo en el seno de la Diputación de la Grandeza. Hay quien considera, además, que el reparto de los bienes entre los hijos ha sido claramente desigual (“el conde de Siruela está que trina”), y habrá que esperar para ver si la princesa María de Hohenlohe-Langenburg, ex esposa del duque de Aliaga, acudirá finalmente o no a la boda habida cuenta de su muy mala relación con la que durante años fue su suegra.

Todo orquestado por Carmen Tello

Dicen otros que todo está orquestado por Carmen Tello, que tiene un gran poder sobre Cayetana, y según un título del reino “la imagen que la duquesa está dando de la nobleza es nefasta y va en detrimento de nuestra imagen como grupo social”. También hay quien critica la gran distancia emocional que Cayetana mantiene con la familia de los duques de Sotomayor, los Martínez de Irujo, hermanos y sobrinos de su primer marido cuyo perfil fue el del perfecto duque de Alba.

La polémica está servida y ya es tópico de conversación en los ambientes que frecuenta la nobleza más ilustre que, de haber sido invitada, no dudaría en acudir con presteza al palacio de las Dueñas. Pero Cayetana, conocida de sobra por hacer siempre de su capa un sayo, no le echa cuentas a nada y, como ya hizo cuando en 1992 el rey recibió por primera vez en audiencia pública a los Grandes de España, vuelve a desmarcarse del sentir de su grupo de origen y de pertenencia.

Solicitud de permiso al rey Juan Carlos I

Afortunadamente todavía hay quien, dentro de esas mismas filas, comprende perfectamente que es normal que una tercera boda tenga un perfil bajo y no se celebre con grandes pompas, y que a cierta edad la fatigada Cayetana no quiera una ceremonia ampulosa sino algo mucho más íntimo y familiar. Como afirma una duquesa asidua de los saraos aristocráticos, “después ya tendrá Cayetana, si quiere, tiempo de recibir a sus amigos o hasta de organizar alguna fiesta para ellos en sus palacios de Liria y de las Dueñas”.

En cualquier caso, y siguiendo al pie de la letra los viejos usos y las antiguas costumbres, la inteligente duquesa de Alba no ha dudado un momento en casarse por la iglesia ni en solicitar a don Juan Carlos el siempre necesario permiso para casarse, cumpliendo así con pulcritud con lo que mandan los cánones más clásicos.

Ricardo Mateos