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Alertó en más de una ocasión a la Policía ante el temor de ser atracada en su propio domicilio, cual José Luis Moreno

A Ana García Obregón le llaman al orden en los Juzgados

Enero 13, 2008

Nuevo varapalo judicial para la actriz, que lo pierde todo

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En un lugar de la Moraleja de cuyo nombre no quiero acordarme no hacía mucho tiempo que vivía una hidalga dama de nombre Ana García Obregón. Si Cervantes levantara la cabeza no dudaría en hacer una meticulosa comparativa entre su celebérrimo personaje y la presentadora, a tenor de lo explicado por la prestigiosa psicóloga Eva Ruiz en una conferencia que ofreció en Mieres hace unas cuantas semanas. La licenciada ejemplificó la patología del quijotismo –aquella que invita a creerse sus propias bolas- en la bióloga renacentista. Las sonoras carcajadas de los asistentes ruborizaron a la Ruiz, que prosiguió con su exposición ante la atenta mirada del cantante Víctor Manuel y el comentarista Pepe Colubi, invitados ilustres de la jornada.
Entonces, ¿sería Darek el Sancho Panza de nuestros tiempos o, por el contrario, el Dulcineo del Toboso? ¿Podría arrebatarle el papel de Sancho Panza el abogado de los sombreritos tiroleses? ¡Ay, que estrés! Por cierto, que Ana Obregón no ve gigantes por molinos, sino asaltantes por periodistas. Tanto, que incluso ha telefoneado en más de una ocasión a la policía ante el temor de ser atracada en su propio domicilio, cual José Luis Moreno.
 

¡Archivada!

Más que la empresaria del año, la presentadora Ana García Obregón debería haber sido nombrada el personaje más conflictivo de la temporada, pues sus paseos por los tribunales de Justicia ha sido más que habituales. Tanto, que incluso parece que la peliteñida ha preferido dedicarse en cuerpo y alma al noble arte de la discusión enérgica en vez de a protagonizar series de tinte surrealista. Suerte, pues todavía hiere el recordar aquellas escenas en las que emulaba a una presidenta del gobierno con ínfulas de estrella melodramática. Semejante historión sirvió para fulminar a la Ana Obregón actriz y guionista. Sus predicciones –pensó que lograría cuotas de audiencia inimaginables, of course- dieron paso a uno de los fracasos más sonados de la historia de la televisión. Y eso que ella vestía de rojo pasión y ondulado cabello para promocionar este proyecto, mezcla entre “Sexo en Nueva York” y “Moncloa Dígame”, aunque algo más cutre y descuidado.
Pero como en todo, hay momentos en los que la alegría se torna tristeza. Hace algunas semanas interpuso una denuncia contra Emérita Elena, una cocinera sudamericana que trabajó en su casa, a la que acusaba de haberle extraído numerosas joyas de una carísima firma comercial con la que colabora asiduamente. La del pelo dorado aseguró a la empresa que no podría devolver las piezas porque habían sido robadas de su propio domicilio.
Pues bien, el juez de instrucción encargado de este procedimiento ha decidido sobreseer el caso, archivando la denuncia y evitándole poder interponer recurso alguno. Ahora deberá enfrentarse a la denuncia por acusación falsa que el abogado Alejandro Mata, defensor de la cocinera, le interpuso hace algunas semanas. Además, se espera que para las próximas horas se efectúe una denuncia que sorprenderá a propios y a extraños y que tendrá como principal protagonista a Ana Obregón. Parece que el nuevo año será más agitado que el anterior. Que interesante… 
 

Amor a primera vista

Su relación con el polaco es tan inestable como una gota de lluvia que se somete a la crueldad manifiesta del parabrisas. Proyectan una imagen que parece que no se corresponde con la verdadera realidad. Eso sí, Darek ha dado un importantísimo cambio. Se ha tornado más huraño y respondón que cuando se le dibujaba como un infante de pelo en pecho. Su afabilidad se ha trasformado en una brusquedad que asusta.
Aún recuerdo cuando me explicaba entre risas cómo había transcurrido su vida en Polonia, su llegada a España y la relación que mantenía con sus familiares más cercanos. Ahora sería impensable entablar una conversación de más de diez segundos con él: justo el tiempo que necesitaría para enviarme con cierto menosprecio a un lugar de fuerte hedor, o a practicar clases de boxeo, quién sabe. En fin, gajes del oficio.
 
 

Por Saúl Ortiz