Menú Portada
Las investigaciones permanecieron estancadas durante 14 años, cuando dos exnovias de un individuo presentaron una denuncia conjunta contra él, acusándole del crimen

18º aniversario del asesinato de Néstor Gándara en el Monte Pagasarri (Vizcaya)

Enero 26, 2014
pq_939_nestor_cain.jpg

El último punto y seguido en el sobrecogedor caso del asesinato del joven Néstor Gándara Martínez en Vizcaya, hace 18 años, lo puso el jurado popular que emitió veredicto de inocencia sobre el principal sospechoso del crimen, Iñaki A.A., alias el lecherito. La sentencia absolutoria, dictada el pasado 16 de diciembre, echaba por tierra las esperanzas de la familia de Néstor, que siempre apuntó a este individuo como autor material de la brutal paliza que acabó con el cuerpo agonizante de la víctima “depositado” en el fondo de un barranco del Monte Pagasarri.

La madre de Néstor Gándara, Begoña Martínez, lleva al cuello una cadena rematada con una chapa dorada con la imagen de su hijo, asesinado el 27 de enero de 1996 en el monte Pagasarri, cerca de Bilbao. Begoña, empleada de la ONCE, pasó toda esa noche en vela esperando que su hijo regresase, pero lo que recibió fue la visita de la Ertzaintza, a la mañana siguiente, para comunicarle la peor de las noticias.

Primer impacto en la cabeza con un bate de beisbol

Según la primera reconstrucción policial del crimen, Néstor, de 24 años y chófer de excavadoras en una empresa de Durango, se encontraba fumando un cigarro sentado junto a un barranco en el capó de su vehículo, un todoterreno Suzuki Santana que había adquirido de segunda mano en fechas recientes. Tenía el equipo de música a tope, por lo que no escuchó acercarse a sus agresores. Recibió un primer impacto en la cabeza, por detrás, probablemente con un bate de béisbol. Mientras caía le siguieron golpeando y le remataron en el suelo. Finalmente, depositaron el cadáver al final del terraplén, semioculto por unas zarzas, en una zona conocida como campa de San Justo. El cuerpo presentaba los pantalones y los calzoncillos bajados hasta los tobillos, y tenía arañazos en la cara, tronco y piernas. El vehículo de Néstor apareció con las puertas abiertas, la música a todo volumen y la matrícula delantera manchada de sangre.

Una llamada anónima

La familia reconoce que Néstor Gándara había tenido problemas de drogas, pero llevaba dos años desintoxicado y rehabilitado completamente. Además, al joven le habían acusado de estar implicado en un robo de droga, algo que él siempre negó, y había recibido por ello numerosas amenazas. En una ocasión, Néstor llegó a decirle a su madre que si algún día aparecía por ahí tirado, ya sabían quién había sido, y que si denunciaban a esa persona, iría a por toda la familia. El día del asesinato, la víctima había quedado con su novia y unos amigos a las siete de la tarde, pero nunca llegó a la cita ni avisó por teléfono. Antes había dicho que se pasaría por el taller donde compró el Suzuki, porque le estaba dando problemas, y quería hablar con el vendedor. Una empleada del taller confirmó que, efectivamente, Néstor estuvo allí esa tarde, pero al no encontrar a quien le vendió el coche, se marchó. El cadáver apareció a unos 30 metros de este negocio.

La autopsia reveló que la muerte se había producido el 27 de enero, el día siguiente a cuando Néstor salió de su casa por última vez. ¿Dónde permaneció todo ese tiempo? Si estuvo con sus asesinos, no fue torturado, ya que, según la autopsia, la agonía fue corta y la causa oficial del fallecimiento fue un derrame cerebral ocasionado por los golpes. La investigación se reactivó al recibir la familia una llamada anónima apuntando a un joven del cercano barrio de San Adrián como autor del crimen. El comunicante se refirió a esta persona nombrándoles por un alias, el lecherito, el mismo mote que la madre de Néstor Gándara había escuchado pronunciar, con temor, tantas veces a su hijo. El sospechoso fue investigado por la Ertzaintza e interrogado. Reconoció que había tenido algunas diferencias con Néstor en el pasado, pero que las habían superado. Los investigadores no encontraron pruebas determinantes contra él, y quedó en libertad.

Miedo a represalias

Tuvieron que pasar 14 años para que las investigaciones cobrasen un nuevo impulso. El 23 de noviembre de 2010, el titular del juzgado de Instrucción Número 7 de Bilbao ordenaba la detención e ingreso en prisión de Iñaki A.A., el lecherito, por su supuesta relación con el asesinato de Néstor Gándara. El caso se reabría después de que dos mujeres, que aseguraban haber sido novias del principal sospechoso, presentasen una denuncia ante la Guardia Civil y relatasen a los agentes detalles del crimen, que decían haber silenciado durante todo ese tiempo “por miedo a represalias”. Una de las mujeres aseguró que el día del asesinato vio a Iñaki, que tenía antecedentes por narcotráfico y maltrato, “manchado de sangre”, y la otra, que escuchó el relato del crimen de labios del presunto asesino, quien la coaccionó para que no dijera nada. El sospechoso pasó cuatro meses y medio en la cárcel de Basauri antes de quedar en libertad provisional tras el pago de una fianza. Además, el magistrado imputó a otras cuatro personas en el sumario: dos hermanos (propietarios del local donde se ubicaba el taller de automóviles) y sus compañeras sentimentales que, tras el crimen, se habían mudado a Castro Urdiales (Cantabria). Tras nuevas diligencias y tomas de declaración, el juicio por el asesinato de Néstor Gándara quedó fijado para el 9 de diciembre de 2013.

Finalmente, tres personas se sentaban en el banquillo de los acusados de la Sección Primera de la Audiencia de Vizcaya, Iñaki A.A. y los hermanos F.E.B.B. y J.I.B.B., y la Fiscalía pidió 20 años de cárcel para cada uno de ellos. Según el relato del Ministerio Público, los tres habían acordado escarmentar a Néstor por una presunta deuda que tenía con el lecherito; mientras los hermanos le entretenían, éste se acercó por detrás a la víctima golpeándola en la nuca en primer lugar y luego siguió haciéndolo con el joven ya en el suelo. Por último, los tres trasladaron el cuerpo al fondo del barranco donde apareció y lo dejaron semioculto entre la maleza.

Las dudas razonables y la absolución

Los tres acusados se declararon inocentes y sus abogados destacaron la “inexistencia de pruebas objetivas” que les vinculasen con los hechos. A continuación declararon dos exparejas de Iñaki A.A. Una de ellas explicó que, tras el crimen, su entonces novio la amenazó para que no contara nada, la ató y la mantuvo secuestrada durante tres días. Amabas recordaron como el principal sospechoso se jactaba de haber matado “a ese hijo de puta que me debía dinero”, y cómo le gustaba recrearse en los detalles macabros del asesinato. Con todo, el jurado popular decidía, el 16 de diciembre de 2013, absolver a los acusados por “falta de pruebas” y por “la existencia de dudas razonables sobre su culpabilidad”. Begoña, la madre de Néstor asegura que seguirá luchando sin descanso para conseguir justicia.

José Manuel Gabriel